Información Útil
Ciudad Rodrigo. noviembre de 1812
Horario de apertura
24h. Espacio abierto.

Población
Ciudad Rodrigo (Salamanca)

Recreación de las tropas aliadas en retirada atravesando el puente de Ciudad Rodrigo con el castillo al fondo.
A partir de Rueda y hasta Salamanca y Ciudad Rodrigo las penurias de la marcha se fueron intensificando.
“Algunos bueyes flacos y famélicos –escribía Simmons en su Diario-  yacían muertos en la carretera en lo más profundo del barro uncidos a carros cargados de equipaje. De éstos, los hambrientos soldados cortaban una deliciosa comida, la cual se medio-ahumaba y medio asaba, y aunque dura como la suela de un zapato, las severas privaciones y el hambre la hacían un agradable sustituto de una mejor comida.”  (George Simmons, pp. 256-257)
El hambre, las heridas y el cansancio hacían que muchos soldados quedasen retrasados en el camino. Muchos perecieron, otros pudieron ser salvados, pues a lo largo de aquella penosa retirada se puso en marcha una especie de servicio de rescate protagonizado por los guerrilleros de don Julián Sánchez, quienes llegaron a recoger y montar a unos ochocientos hombres aliados en las grupas de sus caballos para llevarlos a la fortaleza de Ciudad Rodrigo. (Lewin, tomo II, pp. 60-61) Es difícil dar un número de los que murieron en la retirada. Oman habla de casi 5.000 desaparecidos por muerte, prisión o deserción. (Santacara, p. 518) Una vez en Portugal, en los cuarteles de invierno, se necesitó tiempo para reorganizar de nuevo el ejército y reducir el número de heridos.
Fin de la retirada

Afortunadamente para los aliados, los franceses no habían presionado excesivamente en su persecución final e, ignorantes de la verdadera situación del ejército de Wellington, no habían sido conscientes de la oportunidad que habían perdido.
Desde Alba de Tormes no hubo más que cañoneo y escaramuzas por ambas partes, sin formalizar una batalla campal. La presencia continua de Wellington impidió en gran parte la indisciplina de los soldados. La noche del 18 de noviembre estableció sus cuarteles en Ciudad-Rodrigo y allí estuvo hasta el 24, día en que finalmente cruzó el río Águeda y llegó a Portugal estableciendo el cuartel general en Freineda, lugar donde pensaba pasar el invierno. 
Wellington había experimentado el gran revés de su carrera militar, pero había salvado el grueso de su ejército y había regresado sano y salvo.
Fortaleza de Ciudad Rodrigo
Recorriendo el campo de batalla
Siguiendo los pasos de Wellington en Castilla y León
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