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En 1811, los franceses seguían dominando la mayor parte de España, pero un acontecimiento exterior cambió la situación. A finales de aquel año, Napoleón tuvo que retirar de la península Ibérica numerosos contingentes de tropas para trasladarlos hacia el norte de Europa, pues el emperador había retomado su enfrentamiento contra el zar Alejandro I. Arthur Wellesley no dejó pasar la oportunidad, tomó la iniciativa y comenzó una campaña llena de empuje destinada a reconquistar todo el norte peninsular.
"El Duque de Wellington montando un Gray Charger". James Northcote
El 1 de enero de 1812, Wellington, al frente de las tropas aliadas anglo-hispano-portuguesas, entró en España a través de la frontera portuguesa y sitió Ciudad Rodrigo, en poder de los franceses, que cayó en menos de un mes. A este éxito le sucedió la toma de Badajoz, el 6 de abril, y la decisiva victoria en la batalla de Arapiles, el 22 de julio. El triunfo del ejército combinado permitió a Wellesley reconquistar Madrid el 12 de agosto. Desde allí, los aliados avanzaron hacia el norte. Previendo este movimiento, los franceses se retiraron de Valladolid y Burgos, dejando en esta última ciudad una reducida guarnición en su castillo destinada a ralentizar al máximo el paso victorioso del ejército de Wellington en su camino hacia el Ebro.
El famoso asedio al castillo de Burgos, del 19 de septiembre al 21 de octubre de 1812, escasamente tenido en cuenta en la historiografía española de la guerra de la Independencia, supuso para Wellington uno de los mayores reveses de su carrera militar. La climatología, la inexpugnable ciudadela y la escasez de artillería condujeron al fracaso del ejército aliado.  Las fuerzas napoleónicas reagrupadas pudieron contraatacar y obligarle a retroceder hasta las posiciones fronterizas portuguesas. El terrible asedio costó a Wellington 2.000 hombres y la retirada del ejército de nuevo hacia Ciudad Rodrigo, perseguido por los franceses,  otros 5.000 muertos, heridos y desaparecidos. El asedio al castillo de Burgos significó muchas cosas, pero sobre todo un punto de inflexión en el avance victorioso de Wellington que hizo demorar el final de la contienda.
Recreación de uno de los asaltosde las tropas aliadas en el asedio al Castillo de Burgos.
Recorriendo el campo de batalla
Siguiendo los pasos de Wellington en Castilla y León